Es la escritora del planeta Cuevas, porque en este planeta, la simplificación obliga que solo exista un loco, un rico pero delincuente, un drogadicto y así. Bueno ella es la literata de este inhospito paraje y se la suele ver en la heladería, a las 11 de la mañana, tomando un cafe con leche con sus amigas que son las farmacéutica, la esposa del médico y otras mujeres cuyas edades rondan entre los 40 y los 50 años. Ella siempre llega tarde y se sienta, apenas la he observado, pero no conversa mucho, puedo apostar a que se aburre. Son todas mujeres liberadas ya de la crianza de sus hijos, todos ellos están ahora estudiando en Granada o ya han instalado sus empresas de electrodomésticos.
Ellas metódicamente, todos los días a las 11 de la mañana, están en la heladería de la esquina de la Cuesta del Salero conversando y entre ellas está la literata. Estoy leyendo un libro de ella, es una novela sobre la santa inquisición en el pueblo de Serón. La novela empieza en primera persona, la narradora es renga y ha vuelto a su pueblo,creo que a recoger una cosas de un tío escultor que vivía con su amante hombre. La historia pinta, pensé, y seguí leyendo, luego la narradora despotrica contra ese pueblo, como eso de que todo debe ser colectivo, divertirse en las fiestas, las ceremonias, la fastidiosa Semana Santa. Cuando leí todo esto, me maravilló, estaba tocando mi corazón, pero luego huye al pasado, a la inquisición, convirtiendo en simbólico, lo que hoy existe en forma disimulada, atenuado por lo políticamente correcto. Qué bueno sería que ella siguiera esa novela a medias, la de la renga.
Una vez la paré en la calle, le dije que yo también escribía y nos fuimos a tomar un café a la heladería. Me contó su vida, bastante parecida a la de toda mujer que padeció nacer y vivir en el franquismo, que tuvo que cuidar a su suegra paraplejica y que recién llegando a los 50 empieza a escribir. ¡Que fantástica inquisición!
Quedamos en intercambiarnos los libros, mi novela Silón y ella me traería sus libros.


